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Queridos hermanos:

Nos encontramos hoy aquí, en esta nuestra querida iglesia de la Virgen de la Luz, de San Antón, convocados por Nuestro Padre Jesús Nazareno para rendirle culto, para mostrar el amor y la gratitud que por Él sentimos, en esta Solemne Función Religiosa tan distinta, diferente a cualquier otra que hayamos vivido antes.

Mas allá de este tiempo litúrgico que cada año culmina con la Semana Santa y cobra sentido en la Resurrección, tenemos más presente que nunca que vivimos en Cuaresma; desde hace un año, en una realidad compleja y llena de privaciones, de carencia de libertad, de necesidad en muchos que han visto cómo de la noche a la mañana su trabajo ya no sirve para procurar su sustento y el de su familia, sin la posibilidad de dar y recibir afecto como estábamos acostumbrados, de despedir como querríamos a los nuestros que han sido llamados por el Padre,…

Pero hay esperanza. Estamos aquí, reunidos ante el altar, venerando a Jesús Nazareno; suerte y privilegio que ahora valoramos más que nunca, con el recuerdo reciente de lo ocurrido hace un año, cuando esta misma liturgia no pudo celebrarse, justo en el comienzo de un largo periodo de confinamiento en nuestros hogares.

Avanzamos en medio de esta dificultad que nos ha tocado vivir, mas lo hacemos de Su mano, echando de menos a los hermanos que llamó a Su eterna Morada, que hoy ya no están entre nosotros, en los bancos de este templo donde siempre le rindieron culto, pero sí con nosotros; desde el cielo, donde ya gozan de la presencia del Señor.

Todo lo ponemos en esta mañana a los pies de Jesús, que tomará nuestras tristezas como parte de Su cruz para cargar con ellas, que nos consolará y nos mantendrá firmes en el camino en los momentos de tribulación, que tornará los tiempos grises y turbulentos en luminosos días, como esa tarde de Jueves Santo soñada, en la que volveremos a abrazarnos en torno suyo, para seguir proclamando por las calles de Cuenca y al mundo nuestro amor por Él.

Alabemos hermanos a Jesús, el Nazareno, que con su pasión, muerte y resurrección nos abrió las puertas de la vida que no termina, y que estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

 

 

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